Libros, libros… ya saben, esos inmortales de papel, con escritos en sus páginas, con secretos, recetas, venenos, y miles de otras hierbas… ¡los libros, pues! Los que hacen que podamos darnos cuenta de cosas que siempre tuvimos al frente, que nos dan claves para conquistar a quien nos gusta, los que duermen junto a nosotros y devoramos sin tapujos en las noches solitarias… y sin embargo algunos siguen sin saber qué cosa son.
Creo que la historia más triste y más romántica de toda la literatura es precisamente la historia de ellos, quemados en Fahrenheit 451 por dar ideas a las personas y liberarlos del sistema impuesto, usados como protección contra el frío en El día Después de Mañana (ni el titulo, ni el guión, ni la nieve justifican los millones gastados ni los libros muertos); debo confesar que hubo un instante en que pensé que los protagonistas entrarían a la gran biblioteca y tomarían a un autor para saber que hacer, para usarlo como mentor en un momento tan desesperante… ¡Ja! Se burlan de mí los gringos… ellos no necesitan un libro para saber que destruyendo pueden sobrevivir. Ok, continuo.
Masacrados en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, ocultos en la época de la Inquisición, olvidados completamente en la actualidad y la lista sanguinaria o más bien de tinta sigue… No hay nada peor que quitarle a un niño la posibilidad de imaginar mundos sólo con leer que es posible plantándoles al frente un pc o una televisión que se los da todo hecho, y sin embargo qué terrible era cuando en el colegio te obligaban a leer ¿no es acaso esa la mejor forma de matarlos? Una manera limpia, si me preguntan a mí, y les respondo que imponer cosas nunca ha sido buena política…
Jamás leí un sólo libro de la lista ministerial, habían otros mucho más entretenidos y más acordes con lo que yo buscaba, porque creo que la lectura es una de las tantas maravillas de éste mundo que es libre, es libre el que escribe y libera al que lee, es libre el proceso en que la mente del autor vuela y converge en verdades ocultas o diálogos inmortales, y es libre el lector que hace propio el dolor y el triunfo del personaje, personaje que muchas veces somos nosotros… Que nadie me diga que no ha leído algo que le ha hecho latir más rápido el corazón en una noche acompañada sólo de la lamparita de velador y las cobijas, que nadie me diga nunca que no soñó con ser el protagonista y que sí me digan todos que han tratado de seguir los pasos de sus héroes literarios y que han abierto la mente luego de leer algo trascendente y han comprendido cosas que antes no.
¡Nos leemos luego!
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Muy buen artículo y muy buen blog, felicitaciones por tener informacion siempre actualizada, un saludo desde Perú, éxitos.
Yo tuve la suerte de que desde muy niño los libros formaron parte de mi vida. Con la biblioteca que había en la casa y una madre fanáticia de la lectura, no fue dificil que los libros formaran parte de mi vida, hasta el día de hoy.
Saludos
Me gustan los libros, es la mejor forma de transmitir conocimientos y es insustituible.
Bueno el articulo
Saludos
Libros, ok!, pero tampoco podemos desconocer la influencia de otras formas igualmente validas de leer y conocer otros mundos; el conocimiento está en el aire…
Según García Márquez, en «Vivir para contarlas», la lectura obligatoria no es mala. No se nace siendo un buen lector. Sin embargo, hoy en día, es insignificante la cantidad de buenos lectores -o lectores, simplemente-. Padezco lo que denomino “la soledad del lector”. Empecé la lectura de libros como pasatiempo, después como forma de vida. Es decir, ellos me acompañan en mi soledad. Muchos me ayudaron, y no me refiero a esos libritos que se denominan de “autoayuda”. Las novelas de García Márquez, Camus, Faulkner, Saramago, o -simplemente, sin ir más lejos- Fontanarrosa, son autores desconocidos para muchos -sus obras, no sus nombres-. Con ellos descubrí muchas cosas, la principal es no poder compartir con alguien esos textos y saber que estoy solo en ese recorrido.
Estoy absolutamente convencida que el amor por la lectura se enseña en la casa. Lo de la escueala es un simple placebo. Cuando una madre se toma su tiempo DIARIAMENTE para leerle un libro a su hijo pequeño y además, cada vez que tiene que hacerle un regalo incluye entre otros, juguetes, ropa, música siempre un libro, entonces estamos haciendo un nuevo lector para el mundo, sólo así el niño toma la lectura como un placer y luego la continúa por el resto de su vida. Me consta. Lo logré con mis dos hijas. Saludos argentinos.