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En defensa del sentido

Por José Duarte Cereceda



“Se vacuan carpetas”.

¿Que puede significar esto? Para un fanático de la pulcritud lingüística, nada. Sin embargo, el cartel colocado frente a una tienda de Miami es entendido a cabalidad por los transeúntes. Entonces, da para pensar. A la memoria vinieron todos aquellos recuerdos que he acumulado por años, esos de lecturas de Steven Pinker y su instinto de lenguaje, y más atrás hacia las sabias lecciones de mi abuela y la Palabra creadora. Que asimismo es palabra creada.

Si hay algo que de verdad me revuelve las entrañas es un fanático. Ese que en la hermosa lengua de luz que es la Vía Láctea ven una única estrella. Una obsesión que quema todo atisbo de cordura y enfoca la fuerza vital en un objetivo que, ya alcanzado, aparece como fútil y carente de sentido. Hay fanáticos de todo tipo: los políticos que defienden lo indefendible, los que se aferran a una vacua vanidad, los que se obsesionan con un inanimado objeto. Hoy, cuando estamos más enlazados que nunca, han aparecido otros cuyo deseo fanático es simplemente aplastar cabezas. En la red abundan. Son esos que al  ser incapaces de crear algo intentan vanamente destruir lo creado por otros.

Sin embargo, es una pelea que han perdido de antemano, porque eligieron el arma incorrecta. Es cierto el adagio que reza que «es buena un arma, pero puede apuntar en ambas direcciones». Y no hay arma más poderosa que la palabra. Ya lo sabía el inquebrantable “Tío Pepe” Stalin. Pero siempre puede ser usada en contra de uno mismo. «Soy amo de mi silencio y esclavo de mis palabras». Y la palabra siempre crea, nunca destruye. Aunque sólo construya una mala reputación.

Y algo más que agregar para el devoto a la tiranía de la lengua. La lengua es permeable, evoluciona, avanza. Se mueve con las olas del progreso humano y también retrocede a sus raíces. Pero hay una regla común en su devenir: el sentido. ¿No es acaso mejor decir el anglicismo computador que el galicismo ordenador, en especial cuando vemos el caos que generan algunas de estas máquinas? Y a quienes acusan de provincianismo barato a quien no traduce un nombre propio, les recuerdo que el lenguaje es un arma que apunta en ambas direcciones. Si uno dice New York es para que el gringo diga José. Incluso en la ficción: ¿’Ciudad Gótica’? No era lo que el autor de Batman daba a entender. ¿Qué tiene de gótico una ciudad que desde un principio era olvidada de Dios, una ‘God Damn’ City?

Ejemplos como estos hay muchos, que los rabiosos defensores de una pulcritud sin sentido no van a entender. Esto es un mero llamado de atención a ellos, que lamentablemente se perderá en oídos sordos.

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1 Comentarios Comenta ↓

  1. 1

    Sólo un alcance al poeta Vicente Huidobro:

    “El adjetivo, cuando no da vida, mata”



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