
Este mes se cumplirán 237 años del natalicio de David Hume, el más grande filósofo del Reino Unido. Más allá de la fecha simbólica, es conveniente recordar algo de sus ideas, a propósito de la importancia que tiene por estos días la Economía y el arquetipo del político “experto”, encarnado en nuestro dogmático y pedante ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
Con un estilo iconoclasta, desordenado, a veces contradictorio, pero sincero, Hume realizó quizá una de las críticas más importantes de la literatura filosófica de todos los tiempos.
Basta leer a Aristóteles, a Séneca, a los Escolásticos (San Buenaventura, Santo Tomás…) o incluso los deístas ilustrados (Rousseau, Newton…) para constatar que hasta antes del “Tratado de la naturaleza humana” -obra escrita por Hume a los 19 años- los pensadores occidentales confiaron en la razón la capacidad para develar el fundamento último de la existencia humana.
Pero con Hume comienza a primar un hecho que a mi juicio es clave: la humildad intelectual. No es posible -pensó- conocer la verdad absoluta y definitiva de algo. No existe el conocimiento metafísico, ese terreno especulativo que nada tiene que ver con este mundo. Sólo podemos conocer, relativamente, aquellas cuestiones asibles por los órganos sensoriales, ya sea a través de impresiones -percepción directa de un estímulo externo que excita la mente-, ya sea a través de ideas – la misma percepción, pero indirecta y tenue-.
El conocimiento de las cuestiones experimentales no puede ser absoluto porque radica en el hábito. No hay nada -salvo la costumbre- que nos asegure que mañana saldrá el sol. A lo sumo podemos establecer una probabilidad de que eso ocurra; pero ¿cómo podemos conocer algo, particular y concreto, que aun no hemos experimentado?; ¿con qué derecho extrapolamos una singularidad a una universalidad?
La critica que el pensador escocés realizó a la idea de causalidad es fundamental para afrontar la vida en democracia. Y es que , para Hume, el único límite para que algo pueda existir es que no sea lógicamente concebible; en otras palabras, que sólo es imposible un círculo cuadrado.
Si usted puede imaginar una sociedad donde la “ley de la oferta y la demanda” es reemplazada por la del amor y la solidaridad, entonces no hay nada que le asegure, si usted se empeña, que esa situación no va a ocurrir.
Muchos dogmáticos se reirán de usted. Lo tildarán de “utópico”, “soñador”, “idealista”, porque ellos saben, por experiencia (!), que eso no es posible. Le dibujarán un centenar de fórmulas en una pizarra. Citarán a Friedman, en fin, cortarán sus alas intelectuales con argumentos teóricos prospectivos que, sin embargo, siempre fallan. (Es cosa de revisar las proyecciones de crecimiento que los economistas vislumbran para cada año…)
Si recordáramos a Hume, nos preocuparía un poco más el lenguaje absolutista de nuestro ministro.
Y es que -como sugirió Descartes- todos tenemos igualmente repartida la razón y, por ende, todas las opiniones merecen el mismo respeto y consideración. De lo contrario, sería cosa de designar como Supremo Gobernador a quien tenga línea directa con la verdad para perpetuar nuestra felicidad.
Esa fue la lucha de Hume, quien nunca pudo ser catedrático en una universidad, condenado por impulsar “principios evidentemente subversivos”. Una lucha silenciosa que con el tiempo dio resultados: despertó del sueño dogmático a Immanuel Kant (eso ya es decir mucho) y nos legó, entre otras varias cuestiones, la idea de humildad intelectual que tanto se extraña en Velasco.
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Interesante artículo. La pregunta que me nace es, al márgen de Velasco, ¿con qué derecho niega Hume la posibilidad del conocimiento verdadero?. Y, lo que es más extraño aún, ¿sobre qué lógica puede negar la posibilidad del conocimiento verdadero a la vez que afirma como absolutamente verdadera su imposibilidad? Es bastante contradictorio…
Muy interesante la reflexión y es de aquellas que a veces se extrañan en el periodismo tradicional. Sin embargo, debo acotra algo. El problema del artículo es que no argumenta qué afirmaciones o conductas del Ministro Velasco son aquellas dogmaticamente autoritarias. Si en base a la utilización de paradigmas y modelos teóricos de la ciencia económica, se descarta una solución o decisión que en nuestro juicio -tanto metodológico como valorativo- aparece como correcta, lo mínimo de un razonamiento que apela a la humildad es señalar cuáles son las premisas erróneas, los argumentos falaces o las deficiencias del modelo teórico propuesto. Si eso se señalase, los lectores podríamos evaluar si, en definitiva, hay una falta de humildad del Ministro. Por de pronto, más allá de una simple apelación a un lugar común, el desarrollo es un poco pobre y la conexión de Hume con Velasco es incompleta.
¡Que buen artículo! En verdad, me encanta cuando hablan de temas que me gustan, como éste. Más encima, el relacionarlo con nuestro nuevo Ministro de Educación, una persona que siempre tiene esa sonrisa en su cara… Francamente, no hay humildad intelectual; es más, aquí hay sobervia intelectual. ¿Hay algún ministro que pueda regular a la perfección dos ministerios? Como dice el dicho: “el que mucho abarca, poco aprieta”… Y si Yasna Provoste no pudo, veremos que pasa con él…
Saludos
Aunque lo de Hume me parece bien, no entiendo el problema de la falta de humildad de Velasco, porque no creo que su pega sea seguir un dogma ni menos lavarnos el cerebro con una verdad.
El problema no pasa por ahí, ni tampoco creo que sea una cuestión de lucha entre los realistas y los utópicos. Lo que pasa es que alguien tiene que conducir y tomar desiciones políticas, y en democracia ese alguien no es el más “sabio”, sino el que consigue más votos.
Entonces las desiciones de Velasco no son verdaderas o falsas, sino más bien reflejan el sentir de una mayoría del pais que se midió en las pasadas elecciones.
Eso no significa que no podamos criticar sus desiciones o aun su estilo, pero me parece incorrecto hablar de democracia cuando la elección presidencial es lo más (o lo único) democrático en el pais, si consideramos además que existe libertad para expresarse y sostener otros puntos de vista.
No entiendo a donde apunta la opinión.
Estimado Domingo: David Hume distingue dos tipos de conocimiento, a saber, i) el que se desprende de las relaciones de ideas (la Lógica, las Matemáticas…), en donde clara y distintamente se establecen verdades tan demostrables como eternas y ii) el de las cuestiones de hecho. Es en este punto, el que tiene que ver con el conocimiento empírico, donde Hume niega la posibilidad de conocer universalmente y necesariamente algo, es decir, que no porque todos los días salga el sol yo voy a concluir q
mañana saldrá, porque todo conocimiento requiere de una experiencia previa. No puedo extrapolar -pensó Hume- una causa de un sujeto que conozco (el sol que ya salió) e insertarla a otro (el sol que aun no sale) que aun no conozco. Al respecto sólo puedo establecer probabilidades, nada más.
Por tanto, Hume no niega el conocimiento. Lo que niega es el dogmatismo basado en la idea de causalidad proyectada a futuro. Saludos cordiales.
Estimado Pablo: no me refiero a una práctica específica de Velasco, sino a la manera que tiene este de encarar las cuestiones públicas. Velasco cree -se desprende de cualquier discurso suyo- que sus teorías económicas son tan universal y necesariamente verdaderas como infalibles. No es de los que pide consejos a otros puntos de vista. No repara a la hora de asegurar “el 2007 creceremos en un 5,8%”. Es un “experto” (su doctorado en Economía lo respalda…), es dueño de la verdad. (Bajar el IVA es una política absurda porque lo dice el dogma de las leyes del mercado… Fijar el precio de la marraqueta es malo porque el dogma de manual de economía lo espeta… etc.) En otras palabras, la columna de opinión apunta a expresar que la manera comunicacional y conviccional de hacer política de Velasco es nefasta por cuanto carece de autocrítica. Es nefasta porque niega algo, que después de las obras de Hume, es básico: la necesidad, en cuestiones de hecho (y la economía entra acá), no existe; entonces, a la hora de tomar decisiones tan importantes para un país hay que ser un poco más humilde. Saludos cordiales.
Me parece que es difícil saber a ciencia cierta que es lo que el sr. Velasco cree o no cree en relación la teoría económica y la existencia de la verdad. En todo caso es muy difícil que una persona que proviene del mundo académico se cierre totalmente a nuevas formas de interpretar el mundo, porque se trata de personas que justamente discuten temas nuevos, que normalmente están en la frontera de un conocimiento (la economía en este caso).
Por otro lado, es claro que Velasco ha tenido que negociar para imponer su criterio (a veces con el min. del trabajo, a veces con Perez Yoma, etc.) y si es que gana es porque tiene buenos argumentos y respaldo, o lo contrario cuando pierde.
Además existen muchos economistas bastante connotados que critican la gestión de Velasco, y él normalmente responde con fundamentos porque en la economía no existe ningún catecismo ni encíclica – en este tema hay miles de discusiones.
Entonces creo que aquí se está dibujando una caricatura algo ingenua sobre la labor de un ministro de hacienda que no es dueño de la verdad, pero si tiene poder legítimo para tomar decisiones que nos afectan oyendo a sus asesores y persuadiendo a quienes no estén de acuerdo con él. Así es la política, una actividad donde la humildad o la autocrítica se subordinan a la acción y el resultado.
En conclusión, si creemos que Velasco es soberbio y pedante no tiene ningún sentido conectar eso con una teoría de la verdad, sino más bien con una teoría del poder y las formas de ejercicio del mismo que pudieran parecer más o menos ilegítimas o chocantes.
Estimado Javier: ese es el punto. ¿Es la Economía un conocimiento que establezca principios necesarios? Es claro que para la Presidenta, y para nuestro mundo académico en general, sí. Cuestión que a la luz de la obra de Hume no es cierta. En cuanto a las obras: ¿crees realmente que los resultados avalan una gestión positiva por parte de Velasco? Pienso que gran parte del fracaso de sus políticas (no ha hecho una revolución en pos de equidad en materia tributaria, ha errado los pronósticos de crecimiento, ha fallado a los pequeños y medianos empresarios con un dolar excesivamente bajo, no pretende subir el royalty a las empresas mineras, por decir sólo algo…)se deben a la soberbia y a la ceguera que conlleva el creerse dueño de la verdad, porque a la hora de tomar decisiones es incapaz de consultar a alguien o de escuchar las críticas. Saludos cordiales.
Nuevamente no entiendo porqué se acusa a la presidenta y al mundo académico en general de ser personas ignorantes, porque el tema de la verdad va mucho más allá de las afirmaciones de Hume. Si consideramos la filosofía del siglo XX (en particular a Rorty, Davidson, Putnam, Dewey, Kühn, etc) podríamos decir que en general existe un consenso bastante importante en el sentido que la verdad, entendida como representación exacta de la realidad, es una gran falacia. El conocimiento humano jamás podría llegar a una verdad entendida en esos términos, sino más bien a un consenso o un acuerdo que en cualquier caso es falible. Entonces a nadie le debiera interesar mucho “la verdad”, es algo que no debiera desvelarnos a nosotros y menos a nuestros ministros. En consecuencia, la afirmación de que los académicos se sienten dueños de la verdad no me parece correcta, porque ellos no siempre están de acuerdo y en general dan argumentos en favor de sus posturas y en contra de las otras.
Aquí no se trata de reformar cosas porque sean verdaderas, sino por las consecuencias que ellas podrían generar en la consecución de determinados fines, que tampoco son verdaderos sino políticos. Entonces estamos en ese terreno, donde tus diferencias son sumamente legítimas pero no por eso diríamos que te crees en poder de la verdad.
Por último, es prácticamente imposible que Velasco no delegue trabajo a otras personas, él necesariamente debe escuchar a sus asesores porque tiene mucha pega y sino sería tremendamente ineficiente. Además su cargo es de exclusiva confianza, por lo tanto su jefa (que elegimos) lo puede echar en cualquier momento en que ella no este de acuerdo con sus fines o su estilo.