
Que la justicia en Chile funciona “ahí no más”, es tema viejo. Un fiscal aseguró: “como en todas partes, hay profesionales buenos, más o menos y no buenos”. Pero, ¿cuál es el problema actual, considerando que hace unos años se implantó un nuevo sistema que sanearía los vicios del anterior.
El gran cambio conceptual de la reforma procesal fue el de garantizar la libertad del individuo ante todo. Al menos, hasta que los antecedentes y las evidencias no demostraran la culpabilidad del imputado. En palabra-idea: Justicia Garantista.
En ese sentido, se agregó al sistema el Ministerio Público: abogados que defenderían a los acusados.
También se instauraría la Fiscalía Nacional, que serían funcionarios judiciales que se encargarían de investigar todo lo concerniente al caso en cuestión, para que el juez no tuviera que hacer eso y sólo dictara sentencia. El fiscal formula cargos, los investiga. ¿Y las víctimas? Bien, gracias. O no tan bien, en realidad.
Es que, en las últimas semanas, el criterio de los jueces fue el tema de conversación de cuanto asado, reunión chelera o almuerzo familiar se produjo en Chile. Primero, porque una jueza no considera un peligro para la sociedad a un delincuente que amenaza con un cuchillo a una mujer, la utiliza de escudo sin dejar de amenazarla, sólo porque tiene “papeles limpios”. Eso creía la jueza. Porque el shiquillo se había identificado con el nombre del hermano. Blanca paloma. Ahora vuela por quizás dónde.
Segundo, porque el gran intento de robo de un banco hecho por una banda organizada (la cual, lógicamente, no se juntó esa misma noche a planear qué harían, sino que se prepararon adquiriendo herramientas necesarias, haciendo planos y todo), generó dudas en la sociedad luego de que la jueza no los privó de libertad. Sólo porque la policía los atrapó cuando ya iban bien avanzados en su trabajo y que, según lo argumentado por parte de la defensa y amparado por la jueza, estaban a 70 centímetros de la bóveda. ¿Quiénes calcularon mal? ¿los delincuentes? ¿la fiscalía? ¿la jueza? ¿o los policías que debieron aguantarse unos minutos más antes de atraparlos, para que la bandita amistosa de los bancos enmendara su error para entrar a la sala de las platitas?
Aquí hay tres posibilidades (no excluyentes unas con otras):
O los jueces son incompetentes. El fiscal jefe de la unidad de focos delictivos de la zona centro norte, Andrés Baytelman, reconoció que en todas la profesiones hay gente buena y “no buena”. Ahora bien, también dijo que el problema se había suscitado frente a la necesidad imperiosa de llevar a cabo la reforma y que, la no muy fina selección del concurso para cargos de juez, hizo que llegara gente de criterio mal ejercitado, por decirlo de una forma.
O los fiscales son incompetentes. Más de alguna vez, los fiscales, quizás por tanta pega que tienen, comenten errores a la hora de formular cargos. Eso ha provocado la libertad inmediata de los imputados. De todos modos, este tema sí que es menor. Aunque hay fiscales y fiscales…
O los abogados defensores son muy buenos. Hay dos tipos de abogados. Los que buscan y defienden la verdad, y los que quieren demostrar su habilidad con las leyes. Así como un niñito le muestra a todo el mundo el Kubic que armó, estos últimos lo hacen para verse a sí mismos por arriba del sistema judicial. Casi para reírse de él y llenarse de elogios (y de platita, obvio). Se pueden dar miles de ejemplos en los cuales, armándose con una dialéctica de todo tipo, logran dejar libre a su defendido (un caso notable es Pablo Rodríguez). Pueden saber la verdad, pero les da lo mismo. Mientras continúen facturando, no hay problemas.
La justicia no se ha percatado de que, los programas televisivos nacionales que emulan una sala donde se deciden cosas “judiciales” son más que una simple mala copia de un programa extranjero. Es más. Diría que son copias perfectas de una parte no menor del sistema judicial chileno. Abogados absurdos. Preguntas absurdas. Decisiones absurdas. El mundo absurdo de chilito.
¿Y las víctimas? Bien, gracias. Todas sus quejas en www.victimas.cl. Quedan, en muchos casos, en el desamparo. Porque las víctimas deben costearse su abogado (y los tratamientos psicológicos, además). Mientras el truhán obtiene una defensa pagada por todos.
Se han oído intenciones de modificar la ley. De ser más estrictos dentro de la justicia. El senador Espina, con números y números en mano, se enfrenta en debates a algunos jueces de garantía. Ellos le echan la culpa a los senadores que aprobaron la reforma judicial. La pelota de la culpa va de lado a lado.
¿Y las víctimas? Bien, gracias. O no tan bien, en realiad.
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![Jaime Chincha en 4P [1]](http://farm5.static.flickr.com/4016/4706239073_bf91ffc8a5_s.jpg)








La incompetencia de los jueces está en que su criterio se quedó en la justicia antigua o no sé en qué parte… por tratar de apegarse lo más posible a las leyes (llegando a la estupidez de los 70 cm por ejemplo) y parecer más rigurosos, dejan pasar lo obvio de los delitos y situaciones que se les presentan. Para eso existe la interpretación de las leyesss, sino seguiríamos usando nosee po..el código de Hamurabi para que todo fuera más rápido y fácil.
Yo creo que va más que nada por la incompetencia de los jueces. No tengo idea que hacen tantos años de estudio en esas trastornadas mentes, pero no los vuelven tipos criteriosos, eso es seguro.
Aunque hay que aceptar que hay abogados defensores excelentes que pueden lograr que un intento de asesinato con cuchillo se de vuelta en… “obstrucción del camino” de su defendido y dar vuelta la demanda.
El sistema judicial es uno de esos intocables que debemos tocar más seguido en cuartopoder.
Gran Columna Felix.