Cuando aparecen los expresionistas por primera vez, su mensaje era claro y conciso: ellos pretendían acabar con las representaciones de las emociones, de los valores del hombre, a partir de una visualización externa de la realidad (algo que en la práctica habían hecho por largo tiempo los impresionistas). Estos vanguardistas quisieron ir mucho más allá: apostaron por la distorsión de la realidad para representar una emoción, un sentimiento, una carencia afectiva, un dolor. Un dolor por sobre todas las cosas, pienso. Un dolor, qué concepto más subjetivo. Porque, ¿qué es un dolor?, ¿me significa a mí lo mismo que a otro le puede significar dolor?, ¿puedo siquiera entender el dolor de otra persona a partir de mis propias vivencias?, ¿existe una respuesta absoluta a estas preguntas?
No. Nos movemos en un plano en donde nada es verificable y en el que no hay respuestas absolutas. Relacionando esto último con el arte plástico, ¿cómo crear una imagen que genere la sensación de dolor en otros si partimos de la base que el dolor es subjetivo, de que es parte inherente de cada persona?
Se dice que arte y dolor de alguna forma están muy ligados. Un artista, necesariamente, tiene una especial sensibilidad para entender el mundo; la sensación del dolor como resultado de esta sensibilidad, pienso, le daría mayor libertad al artista. ¿Libertad para qué? Para encontrarse continuamente en algo así como un estado de embriaguez, en un estado en donde fluya, sin mayores inconvenientes, la inspiración.
Respecto al dolor, podemos hablar de dos tipos. Dolor físico, que es el que afecta al cuerpo y que también fue representado por los expresionistas. Es el caso de Frida Kahlo y el dolor físico que le significaron las 38 operaciones que, a lo largo de su vida, sufrió a su espalda. Autorretratos en donde la artista se representó como una inválida, se repitieron en sus trabajos. Todos podemos sentir cómo un brusco cosquilleo recorre nuestra columna vertebral cuando estamos al frente del retrato de una mujer asediada por unos fierros que hieren su espalda. También existe el dolor psicológico, el dolor psíquico, el que es producto de una serie de vacíos afectivos que atormentan —de una manera en particular— a cada persona. Sabemos que cada artista deja al descubierto todas sus obsesiones cuando presenta una creación al mundo. Ejemplo: el caso de un novelista y la desfragmentación de su personalidad a partir de la creación de personajes que, con completa autonomía, le dan forma a su relato.
Me acuerdo cuando Cortázar habla de que los personajes, el ambiente, las acciones dentro de una novela en la actualidad, no son más portadores unívocos de la visión de una realidad estrictamente estructurada (que sería la base del naturalismo en la literatura), sino que manifestaciones ambiguas de una experiencia metafísica que se presentan con el signo cambiado o encubierto. Si lo aplicamos al arte plástico, tenemos que a lo largo de la historia del arte universal, los artistas siempre han sido los principales denunciadores de los problemas de la sociedad. Siempre, incluso cuando los mismos artistas han debido atacar a la clase social a la que pertenecen. Fue el caso de Millet, Courbet, Manet, Van Gogh y muchísimos más en su momento. Podríamos decir que esta manifestación ambigua de la que habla Cortázar, es aquella que permite a los artistas, en general, hacerse partícipes de los problemas que afectan a la sociedad, interiorizarlos, digerirlos y por medio de la creación, concienciar al público de ellos. Esto de lo que hablo, por ejemplo, estaría presente en la obra de Edward Munch.
Munch, pienso, es el mejor ejemplo de cómo una realidad social es capaz de influir en la mente de cada persona; además cómo el artista es capaz de emplazar todo esto a la tela. La angustia, la soledad, el caos que un artista experimenta en su vida, presente en su obra artística. Munch claramente tiene un visión pesimista de la vida, ve la soledad humana como un estado natural en la existencia del hombre (a temprana edad el artista sufrió la pérdida de gran parte de su familia), ve la muerte como una evento posible en el día a día.

Cuando veo el cuadro, puedo escuchar el grito. Munch pintó «El grito» para “gritar”, para emitir una señal de alerta a la sociedad frente a los reales problemas que estaban perturbando al mundo a finales de siglo 19. La vanguardia, en términos artísticos, estaría definitivamente en la idea del artista de pintar un sonido, un ruido que hiciera alegoría a un grito: un llamado de atención al mundo para a todos el dolor que lo estaba consumiendo por dentro.
Todos sabemos que después de que una herida sana aparece una cicatriz. Así como también, de alguna forma un dolor físico siempre traerá consigo modificaciones a nuestro sistema nervioso central. Los artistas, creo, son los que mayor provecho le pueden sacar a los dolores psicológicos. Desde los expresionistas hasta ahora, ha existido dentro de los artistas una gran fascinación por apelar a las emociones en el receptor de una obra. Una especie de catarsis emocional por parte del que está creando, aceptada por quienes nos proponemos entenderla. Y es que los artistas, pienso, son los que más pueden sacarle provecho a estas “heridas emocionales”. El arte como el medio de liberación espiritual del autor de la obra. Los artistas, creo, pueden convertir sus traumas, aquellas cicatrices de dolores psicológicos, en el medio más eficiente y certero para la inspiración en el arte.
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“El arte nunca nace de la felicidad”. Chuck Palahniuk, mi frase de bolsillo.
No estaría muy seguro…
Muchos versiculos y salmos bíblicos, que para mi no tienen mas valor que el artístico, nacen de alabanza, felicidad y gloria.
Es cierto que muchos hacen nacer la pluma por necesidad de expresar la desconformidad, miedo o rabia con el mundo, pero eso mismo es lo que hace tan recurrentes los temas y ambientes cliché.
Hay literatura que nace de felicidad. Sólo es más dificil de encontrar, y quienes califican el arte, la catalogan de mala por ser ellos mismos seres tristes y adoloridos.
Saludos.
claramente el lector de la biblia perdio, porque la biblia tapa los mas grandes dolores de la humanidad y ni hablar de la iglesia.
Ahora creo que el dolor es un sentimiento muy fuerte, y que hace mutar mas que cualquier otro sentimiento al hombre, desde el fisico que deja huellas visibles hasta el psiquico que deja huellas imborrables en el alma.
eso creo como artista cliche del dolor jeje.
Yo creo que el dolor es más inspirador que la felicidad y la alegria, porque el ser humano por naturaleza, trata, bien de sobreponerse a lo que lo hace sufrir de cualquier modo, o bien disfruta sufriendo de alguna manera y quiere que todos lo sepan… o casi todos. A lo que uno nunca trata de sobreponerse es a la felicidad y a la alegria. Y no todos sienten la necesidad de expresarlas a través del arte porque es taaaan evidente cuando uno es feliz o está alegre… Por eso creo que hay menos felicidad y menos alegría expresada a través del arte. Incluso en los retratos académicos clásicos, la gente estaba taaaan seria.. Están de acuerdo conmigo? Y no es que yo sea triste y adolorida, al contrario, disfruto mucho cuando un cuadro o una canción o una obra de teatro transmiten gozo y felicidad, pero me parece que no es lo más comun.